Periodicidad de tareas de mantenimiento

 Existen dos formas de fijar la periodicidad de las tareas de mantenimiento que componen el plan de mantenimiento (plan de inspección) de una instalación: Por intervalos de tiempo prefijados o por algún tipo de contador, como horas de funcionamiento, cantidad producida, kilómetros recorridos, caudal atravesado, etc. Ambas formas tienen ventajas e inconvenientes que se analizan en este artículo. 

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Un plan de mantenimiento o plan de inspecciones está compuesto por un número determinado de tareas que dependen fundamentalmente del tamaño de la instalación. Cada una de estas tareas tiene asociadas al menos tres informaciones que resultan muy transcendentales. La primera de ellas es la especialidad de la tarea, es decir, quién debe llevarla a cabo. La segunda, definir cuál es el tiempo estimado de llevarla a cabo en minutos/hombre. Y la última, y no menos importante, definir con qué periodicidad es necesaria llevarla a cabo. 

La fijación de periodicidades por periodos

Existen dos formas de fijar la periodicidad. La primera de ellas es fijarla mediante intervalos de tiempo y así tendremos tareas de carácter: diario, semanal, mensual, bimestral, trimestral, semestral, anual, bienal, trienal, cuatrienal, quinquenal, etc. Determinando, pues, la fecha en la que se ha de ejecutar por primera vez, puede determinarse en qué fecha habrá que realizar cada una de las intervenciones a lo largo de un año o incluso en periodos más largos. 

Fijar periodicidad por intervalos de tiempo tiene una ventaja indudable, y es que permite planificar las actividades programadas de mantenimiento de una forma más o menos segura. Es decir, podemos saber cuál va a ser la carga de trabajo de mantenimiento programado en un periodo de tiempo determinado. Pero claro, esto tiene un inconveniente. Cuando un equipo no ha estado en uso, ha tenido un uso bajo, o, por el contrario, se ha usado casi de forma continua, los intervalos de tiempo no reflejan correctamente la degradación que hayan podido haber sufrido o la probabilidad de que hayan podido generarse anomalías dentro del equipo. A veces, es fácil relacionar el funcionamiento, entendido este como arranques y paradas y como horas en las que ha permanecido funcionando, con los periodos de tiempo, porque podemos establecer a priori en equipos que conocemos su régimen de funcionamiento cuándo alcanzarán un grado de degradación determinado. 

Pero hay equipos que se utilizan poco y que obviamente no sufren la misma degradación que los equipos que se usan mucho. Prefijar entonces periodicidades mediante intervalos para estos equipos de menor utilización significa en muchos casos no optimizar la realización de tareas de mantenimiento. 

La fijación de periodicidades por contador

Existen entonces una segunda posibilidad, que es, relacionar algún tipo de contador con la periodicidad con la que debe realizarse una determinada tarea de mantenimiento. Los contadores pueden ser muy variados: horas de funcionamiento, número de arranques, cantidad de piezas producidas, caudal atravesado, kilómetros recorridos, etc. 

Son muchos y muy diversos los contadores que podemos utilizar, pero analizando un equipo es fácil buscar una relación entre algún tipo de contador y la degradación que pueda sufrir el equipo. El contador más habitual sin duda es el de horas de funcionamiento, y por ello en muchas máquinas se instalan horómetros o contadores de horas en las que el equipo ha estado energizado o ha estado en funcionamiento. 

La ventaja de utilizar contadores es que la necesidad de intervención o de llevar a cabo inspecciones tiene mucha más relación con la degradación que puede presentar un equipo, mucho más que los intervalos fijos. Pero tiene un inconveniente clarísimo: no es fácil programar el mantenimiento durante un largo periodo de tiempo ya que no se sabe con exactitud en qué momento se alcanzará un determinado valor del contador. 

Además, la utilización de contadores tiene un segundo inconveniente y es que, es necesario verificar cada uno de los contadores cada cierto tiempo, lo que implica una actividad más de inspección. Esta tarea será anotar lectura de  determinados contadores. Hoy en día la mayor parte de los software de mantenimiento no están conectados directamente con las máquinas, con lo cual, no se tiene acceso a sus horómetros o a sus lecturas de contadores, con lo que hay que realizarlas manualmente e introducirlas en el software de mantenimiento. Eso supone un trabajo más adicional a realizar y, por tanto, supone un inconveniente a la hora de utilizar contadores para fijar la periodicidad de las tareas de mantenimiento. 

CONCLUSIONES

Con todo ello, cabe señalar que para cada ítem que compone una instalación es conveniente analizar si las ventajas que supone utilizar periodicidades basadas en intervalos de tiempo son superiores a las ventajas de utilizar contadores. O, por el contrario, la ventaja de utilizar  contador superar con creces sus desventajas. 

Analizando con detalle qué implicaciones tiene podemos llegar a conclusiones que optimicen el sin duda el mantenimiento de nuestras instalaciones. 

 

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